viernes, 13 de mayo de 2011

Por las penúltimas

"El disco comienza con ...", "En el 2o. corte, o el 3o. el 4o., está el éxito del aĺbum", "Después de escuchar la mitad, nos encontramos con una canción estupenda...", "Como gran final... es la síntesis del álbum... trae una sorpresa...", hoy, mañana, como siempre, sale un álbum, lo nuevo de los nuevos, se comparte la crónica, o la crítica, en la revista, radio, la red, las canciones están muy bien, todas son muy buenas, todas tienen un espacio en el programa. Bueno, aunque, han determinado la 1a., la 2a., la última, pero mucho de la "ene menos uno", de la antes de la última. Aquí estoy investigando, "Las más pegadizas son las primeras", "Las más suaves después", "Cerrar con un single", o "Es que se graba de una forma, para que en vivo sea de otra", acerca de la penúltima, cosas como "La que va con calzador", "la versión de...", "relleno". Es como si el lugar antes del último, fuera el lugar en el bus, el cine, que nadie desea ocupar, y solo se ocupa llegando de último, haciendo la fila, porque "tocó". Y al final es así, hasta en los "Grandes éxitos", escuchar el penúltimo se torna pesado, "ya lo escuché todo el aĺbum", "después sigo", "ya quiero escuchar otro", como en la era de la bonanza, vistiendo a lo Seattle, en la fiesta nadie me determina, me quedo en a vigilia de los comensales, y soy el primer eliminado, por "televoto", por convivencia, es un karma tenaz, así sea un clásico, vista de Cashimir, ocupar ese lugar,ya es causal de eliminación. Estamos en convocatoria, la penúltimas del mundo, por más votos, más fiestas, más atención, "las penúltimas quieren sus derechos", las penúltimas bienaventuradas, porque el mundo será de ellas. Acerca del "relleno", las más pegadizas, el órden temático del album, para nosotros, son argumentos "exógenos", sin fuerza. ¿Qué será de las demás? Alguien ocupará el puesto. Pero, aunque sea así, tal vez la penúltima deba ser la primera, o la más buena del álbum. la más pegadiza. Por la Avenida el Dorado, la 9 de Julio, la Castellana, van con su valla, su camiseta, "Jet Sounds", "Enamorado del Amor", "Paisaje Porcelana", "Bella Cumbia", "Going to California", "I Wanna Dance", con más clásicos, son muchos, reconocidos, singles de radio, los más bailados, a Palacio, por sus derechos, por que los determinen, son frescos, divertidos, importantes. No los invitaron a la fiesta, pero habitaron en la boca de ese jóven, estudiando, formal, abstraído, que se le pasó el tiempo, o ese grupo de niños, de paseo, en el coche, junto al fuego, conversando, siendo más amigos, se les pegó, quedó más impresa que la canción que se saben todos. El penúltimo da la forma, el trazo que hace falta, para que el artista entregue su forma de sentir, se sienta completo. Es el último single, el que falta por escuchar, el que da la sorpresa, gusta de primerazo, crea historias con lápiz, fantasías, amores. En mi casa, las que tienen los hoyuelos, el lunar junto a la boca, la Creme Brulee, el bombón de chocolate, la rola, la cortubí, son las penúltimas de sus álbumes, la revolución, la razón de ser de la marcha, las que más consienten, en su traje de seda, sus zapatos altos. A veces mejor también, como están, en su hogar, su piso en París, en "latonería y pintura", ocultas del mundo, y cuando están, luciendo su traje, para los más exclusivos, los que tienen paladar más delicado, den cargo de conciencia, porque "me lo perdí". Mis favoritas, son unas penúltimas.

domingo, 6 de marzo de 2011

Ser Vieja Guardia

“Anclado en 1990”, vi la caída del Muro, hice la Constitución, marché para decir “No más”, pero vi también “Baby Boom”, el pesado “Italia 90'”, el afán, por “adaptarse a los tiempos”, la cesación del “Larga Duración”; pobres vinilos, comenzó la década, a grito universal, hay que grabar en “Compact Disc”, la música es digital, en “vaina” digital, no más acetatos, pesados, distorsionados, gracias por sus servicios, pero no volvamos, por favor. Una década después, los productos de música, más costosos, en Londres, París, Nueva York, eran “The Monkees”, “Supernatural”, The Beatles, en Larga Duración, nuevos, recién lustrados, para los más pudientes. Hoy, ahora, yo tengo un “Crosley”, tocadiscos, “Anni 50”, para el lobby, “loft”, tengo a Marce, Duffy, mis favoritos, en vinilo, quiero “The Rolling Stones No.2”, en vinilo también, y todavía son los más costosos, en los estratos más altos. “Eso”, negro, rayado, descontinuado, sacado por la puerta de servicio, regresó como un “dandy”, como un objeto de deseo, deseado, necesitado, por la puerta principal. Así volvieron, los quieren, la comida lenta, como en el Piamonte, las verduras, la paila, el “Wok”, el café, auténtico, preparado en olleta, colador, como en la finca, en Cocora, el que nos dio reconocimiento, estrato, Moody's “AAA”, en el globo. Por eso también hay regreso a los clásicos, “80s” “Back To Basics”, “La 33”, “Retrosoul”, “Shaka Rock”, mi amor platónico, soltándose sus rizos rubios, paseando en plataformas, en Los Angeles, París, dando otra vez “Well Well Well”, su “Masterpiece”, su éxito de fin de año. En la rueda, el circuito, el tapete, me dicen que soy muy lindo, les gustan mis “coreos”, mis hombros, mis piernas, haciendo una rutina más, otra suite, como los clásicos, “El piano teaser”, “Baila de Rumba”, “The Jackson”, el café Angelitos, quiero volver, con la rubia, o la chica del desierto, o la pequeña maravilla, instruyéndola, a bailar los clásicos, verse como Brigitte, Claudia, ser de bien, quererse, consentirse, los valores, los clásicos, que no volvieron más, por tanto afán, de entregar, ser competitivo, sobrevivir, no entiendo; quiero bailar otra vez, quieren verme, mientras la manada, que me engañó, que no me esperó, por ser Vieja Guardia, hoy se hace daño, se cae a pedazos. Para mí, eso de, “acorde con los tiempos”, “muchos no pueden estar equivocados”, me engaña, me despoja de lo que tengo, y se vuela. Yo vi la caída del Muro, a la colegiala, en tacones, probé el mejor café del mundo, el chocolate, con su guarnición, después de llover, escuché a los juglares, Ricardo Ray, el New Wave, todavía viven, en mi casa, en la oficina, a todo mundo le gustan, se escuchan por siempre.

lunes, 14 de febrero de 2011

Una vez más es 13 de febrero

Este también es el diario sensible. Año del algodón de dulce, equinoccio del engrudo, día de la charca: Después del chubasco, antes del último sol, el “broadcaster”, anunció a la colegiala, su último single, acudió, con su uniforme escocés, un bombín, “sheer”, los primeros tacones,y dio una “suite”, como The Beatles en The Cave, deliciosa, histórica. Mismo año, solsticio de la amapola, noche del día del ponqué: Después de un verano frondoso, escuchando a la rubia, acudió a variety más visto del país del mamoncillo, con su cabello como el sol, su chamarra ”western”, sus botas Hungría, bailando sobre ellas, dio un recital, como una vuelta en La Bombonera. Ese año, conseguí dos artistas, dos sirenas, dos amores. Nos fuimos todos por las casetas, el barrio colonial, copamos las canchas, dimos todas las vueltas. Después me cambié de barrio, entré al “High”, dejamos la casa de la niñez, nos cambiamos el corte, no nos vimos más. Y cuando me olvidé totalmente, el año de la paella, el solsticio del vermouth, el día de la arepa, un 13 de febrero en el gregoriano, caminando por el casco viejo, encontré a la rubia, como en sus años mozos, todavía en sus años mozos, fue tan especial, que formamos una fiesta, en el country, en obra negra, sin entregar, nos tomamos el country, los barrios antiguos, nos metimos a la dulcería, nos fuimos todos, nos dimos un atracón, con las colombinas, los “marshmellows”, no quedó un merengue. Quedó para la historia, para la posteridad, que cuando llega el 13 de febrero, es el aniversario del reencuentro, la noche de la nostalgia, aquí, donde llueve, con sol. Es como el Ramadán, vamos todos, y con más fervor después de las fiestas de hace dos años, el año de la viña, pensando en el aniversario más ruidoso, tirar la casa por la ventana, un revistero de Barrio Norte, pensó en la colegiala, se acordó de ella, fuimos en su búsqueda, y la encontramos, justo el día del barquillo, el gregoriano, y así, al día siguiente, fué la gran movida, de los niños del Pilar, la ciudad toda de celeste, blanco, carmín, papel, el Tren de la Sabana, la tomatina de Buñol, “Carnaval toda la vida”. El tren quedó muy bonito, tomamos muchas fotos, y así como la dulcería, esa vez asaltamos el Godiva, la tienda de cacao, la “Xocolatera”. El 13 de febrero es el día del algodón de dulce, es también de la rubia soul, la menina, la reina de los puentes, las “muñecas del cha cha chá”, que cantan más dulce, hacen sonrojar. Es el día de a movida infantil, juvenil, la era del algodón de dulce, el “aguaelulo”, el amor de estudiante. Y para coronar, es la víspera de San Valentín, a ver qué vamos a regalar, de Vacheron, Jimmy Choo, a dónde vamos a cenar, luego a bailar bajo la luna.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tiene que ser esa

Pero al menos, para mí, esa, esas, mis cucuruchos, mis chocolates, tienen detalles, contemplativos, estimulantes, una florecita, un atardecer, una brisa, fiusha, oliva, tibia, íntima. Pero por qué tiene que escuchar, o bailar la misma, y otra no. Aferrarse, bueno, yo me aferro también, pero al menos yo me aferro a los detalles, aquellos detalles, hago una fiesta, una comparsa, se visten las calles de Nápoles, Naja, de mi barrio, doy la vuelta, con lo que llama la atención, lo que puede fijarse, todo cubierto de flores, las especies, una margarita, una azucena, una rosa, uan heliconia, la que no se da hasta muchas generaciones. Pero no se por qué la gente se aferra, a qué se aferra, para pasar un buen rato, hubiera algo diferente a las demas, al menos, yo me fijo en cosas diferentes, nuevas, cortando el aire, haciendo ondas, caminos, jardines, de espiral, nadie más, no lo he encontrado, no sé dónde más. Pero, los demás, en qué se fijan, qué hay distinto, o qué hacer recordar, o sentir. Pues, yo, tengo la teoría de la cultura, de radio y televisión, inculcar a escuchar cierta música, ciertas piezas, rígidas esas son, no hay más, lo demás es ordinario, raro, o "no está de moda, o "no sé qué. Represión, "castración", de la gracia de contemplar, fijarse. Bueno, aquí, mis colegas, mis gentes, escuchan, perciben cosas, pero para después, hacer un trabajo para el colegio, rellenar unas hojas, unos silos, ir a la papelería, mandar hacer un "Velobinder", bien bonito, porque hay que dar una primera buena impresión. Hasta en la Expedición Botánica se podía pintar, quedarse hasta tarde, jugando con las hojas, los pétalos, de las especies nuevas, ser niños, cantar la canciones de las especies. Hoy el mundo no canta, o baila, sino razona, discute, es adulta, con los juegos de los niños. Y este viernes, el día para ese mundo, esperado, después de vegetar toda la semana, el día de salir, estar vivo, ser persona, se pide, mastica, come, la misma canción, porque "hay que poner éxitos", y al día siguiente hay que dormir hasta tarde, descansar del guayabo, e ir a trabajar, hacer los deberes, conseguir para los servicios, para el viernes siguiente. El mundo dice, tiene que ser esa, hay que escuchar los villancicos de Internet, los que escuchamos en la casa, en la oficina, el centro comercial, no sé qué es la "Marimorena", o los "Zagales". ¿Por qué te gusta la misma? ¿O qué te hace acordar? Yo, la misma, no es la misma, es única, una tentación, se bebe, con la punta de la lengua, los dedos, es cincuentera, de "Cine de Barrio", "Shojo" clásico, me recuerda el Cali viejo, la lulada, el colegio, estar vivo, abrazar.

domingo, 3 de octubre de 2010

Música de tocador

Todavía me come, esa vez en la oficina, dispuse mi gramola, mi buen gusto, mi bohemia, compartí un clásico, olvidado, del pueblo, rescatado para el mundo, en la oficina; y ese “amigo”, desatento, tonto, racional, apagó, porque “hay que poner éxitos, clásicos”. Habitamos un espacio, medieval, sin gracia de conocimiento, memoria, más en el tema de la música, poseo clásicos, piezas, muertas, “momias”, o descritas de cualquier forma, menos, por su nombre; y no sé qué va a pasar si es una canción de tocador, íntima, femenina, suavizando la oficina, la tienda, el espacio rústico, viril. Por eso es que no reproduzco ese tipo de música en la oficina, ni en el día de campo, con mi mejor amiga. Estamos en la era del obscurantismo, la represión, de la ternura, el recreo, la ronda, los juegos, vestidos de marineros. Yo tengo fantasías, que lo que aquí, es “chistoso”, “ridículo”, “afeminado”, en la Maloka, Venezuela, Recoleta, Valentín Alsina, el Caribe, París, en una casa antigua, en una mesa, un piano, componiendo una canción para una chica, en su tocador, su almohada, mirándose, consintiéndose, esa canción es un éxito, un premio Bilboard, la B.S.O. de un “Indie”, Berlín, Cannes. Ese peatón, está en la tienda, con su pandilla, imaginándose, un encuentro con la “vieja” de la novela, o de la sección de chismes, sin nada, sin gracia. Yo me dejo caer, en un momento interminable, con una niña, un retoño, primaveral, otoñal, envuelta en bajo contraste, sombras, seda, “stiletti”, hermosa, delicada, sexy, “deliciosa”, para tomarle muchas fotos, envolvernos en un abrazo, entronizarla en Las Onces del Bohemio. Dulce, “Sour”, con una pizca de color, ají, Merengue, Fox, Bossa, está en su espacio íntimo, mirándose, consintiéndose, floreciendo, es curiosa, juguetona, tiene sueños, fantasías, canta, baila, su canción, es aquella canción; y yo me siento enamorado, “latino”, bohemio, un Valentino, un actor de los 70, de Beverly, Soho, la Campania. El vecino, el colega, quieren dinero, un último modelo, esperarse hasta el viernes o el sábado para “jincharse”, y estar en interiores el domingo, pensando cómo tener más. Yo no tengo una cuenta en Suiza, pero me siento pleno, joven, iluminado, conseguí el amor, con la música de tocador. Yo quiero dibujar, tocar el piano, expresar lo que siento, escuchando, pasarla por la aduana, contársela al mundo, como esa tarde, después de la lluvia, el chocolate, terminó la canción, y sentí la necesidad de contar al mundo lo que escuché, sin pensar en proteger mi imagen, mi “reputación” de persona de esta sociedad. Que la sociedad siga con su música “normal”, sus “éxitos”, yo sigo teniendo mis fantasías.

martes, 31 de agosto de 2010

¿Cómo escuchar una canción?

Aquí estoy, entre papeles, libros viejos, pensamientos repetitivos, todos haciendo la ronda alrededor de mí, yo, hostigado, hiperventilando, víctima de los papeles, y de concesiones, acuerdos estilo baile con jungla, monopolios agresivos, expectativas inalcanzables, frustración, incertidumbre, fuera de aquí, de ahora. Practicando la música, escuchándola en la gramola, no vuelvo a organizar matrimonios de nuevos ricos, largometrajes estilo la trilogía del anillo, inventar culebrones, pensando en una partitura. Me da miedo, necesito salvar el hogar, se vuelve como una historia de amor de Juan Fernando Velasco, sobre un hogar aburrido, vacío, deprimente. Ya quiero escuchar música, “fácil sin complicaciones”, sin comparsa, como escuchando a Luisa. Ya firmé el cierre de la planta de La Cabaña, ya estoy cerrando sucursales, bodegas, montaré una Cabaña “boutique”, para dos personas, para estancas cortas, momentos cortos, para regresar a las raíces, retomar el aquí y el ahora, atender mi estudio, mi vuelta alrededor del mundo. Pero, ¿Cómo escuchar música? ¿Cómo escuchar una canción, una “Big Band”, un clásico de la caseta, un chocolate de La Cabaña? ¿Cómo sin casarnos, sin convivir, sin montar expectativas, de arena? Aquí estoy escribiendo notas, la norma, el RFC. Que sea como un chocolate, un helado, breve, como que dure para siempre, algo que resuelva los problemas por un rato. Que sea como Luisa en “Top of The Pops”. La menina del ducado es una auténtica chica Cabaña, ríe rico, se pone sandalias altas, canta, baila, está siempre, cuando dé antojos. Y después volvemos al despacho, a terminar el proyecto paisajista. Así también como las Chicas, en “Super Sábado”, la muchachada se escapó, se tomó el foro, se formó la gran Wilfrido, como para la historia, y después todos a casita. Que sea como España en recesión, en paro, campeón del mundo, como el camarero de la tapería, y después de la recepción en Madrid, al día siguiente a ganar el pan. Que sea un Fruit Punch, un cóctel dulce, divertido, pegadizo, en la sala, el teatro casero, viendo la Copa, o el Grand Slam, un “Cuéntame” de Lucero. Que sea un batido, de frutos rojos, breve, travieso, como “Walk Don't Run”. O un visitante de postín, recorriendo el mundo, que ande por ahí, o no ande por ahí, no se encuentre, no importe, pero cuando llama a la puerta, es la visita más agradable, que dan ganas de dejar quedar, una canción en el jardín, en el campus tarde de la noche, a solas, después de las tareas, a la hora del postre, un clásico de Kentaro Haneda, un “Kasa No Naka”. No es como la primera vez, pero es liviano, inocente, ecológico. Esto es Zen, liberarse, liberar la música, "plafond", tráfico holgado, viajar en Concorde. Ya casi lo resolvemos.

viernes, 5 de febrero de 2010

Se me olvidó disfrutar

Veamos, hemos cambiado, el mundo ha cambiado, hay recesión, calentamiento global, WI-FI, iPad. iPod. El iPod es cada vez más quedado, descontinuándose, como en su tiempo, el tocadiscos, la radio de tubos, el transistor. También descontinuamos os momentos, el sentarse junto a la gramola, en la sala, con mosaicos, en corbata, el buho, la sirena de Copenhague. A mí, ya se me olvidó, cómo fue querer un iPod, los días de “The Hall Effect”, “Palenke Soul Tribal”, “Los Redondos”, Gustavo Cerati, “Indie”, hacer música en casa, hacer samples, uno cada mañana, o cada tarde, expresarse. Olvidé hacer el ejercicio de escuchar música más placenteramente, dejar la USB, las noches eternas escogiendo música, escoger qué escuchar mañana. Olvidé coger esa tarde el iPod de Panamá, a escondidas, como subir a una Harley, un Concorde, un Vacheron, hacerlo con guantes, sentir el poder, el comfort, meter ahí, a escodidas, el gran grupo de “La Hamburguesería”, Usaquén, escucharlo en la “chocolatera”, sentir que pasaré la noche en el “Petite Palace” “La Posada del Peine”, ser príncipe. Olvidé también a mi “amiguita interesada”, rosada, canela, con su caminar, sedosa, amorosa, desnuda, queriendo postrarme a sus porcelanas, altas, regalarle unos chocolates, ir por la “chocolatera”, nueva, como la de Panamá, como ir por un último modelo, “tocar bocina”, pasar a su casa, ir a pasear, al Mirador, a Positano, poder tocarla. Algún día retomaré lo que olvidé, recordaré las sensaciones, me sentiré vivo, a gusto, con comfort nuevamente. Tengo más motivos, todavía puedo, no tengo qué escoger lo que voy a escuchar mañana, lo que voy a ponerme mañana, tengo un juguete más exquisito todavía, están todos, John, Paul, André, Duffy, Marce, como aquella mañana también, Marce acudió por su cuenta, hizo de una mañana rígida, un desayuno con miel. Eso sí me acuerdo. A ver si me despierto, me acuerdo que puedo escuchar música.